¿Tuviste un mal entrenamiento? No significa que estés perdiendo estado físico
Hay días en los que correr parece fácil. Los ritmos salen, las piernas responden y terminás el entrenamiento con la sensación de que podrías haber hecho un poco más.
Y hay otros en los que pasa exactamente lo contrario.
Un ritmo que normalmente controlás se siente exigente, las piernas están pesadas y empezás a preguntarte: ¿estoy perdiendo estado físico?
La mayoría de las veces, un entrenamiento aislado dice mucho menos sobre tu estado de forma de lo que pensamos.
El rendimiento que podés mostrar un día determinado depende de muchas variables. Entenderlas ayuda a no sacar conclusiones apresuradas después de una mala sesión.
1. Fatiga acumulada
Un entrenamiento no ocurre de manera aislada.
Llegás después de días o semanas acumulando kilómetros, sesiones intensas, gimnasio y fondos. Por eso es completamente normal que algunas veces las piernas no respondan como esperabas.
De hecho, durante períodos de mucha carga, cierta fatiga es parte del proceso.
Lo importante es mirar el entrenamiento dentro del contexto del plan completo y no evaluar tu estado físico exclusivamente por cómo te sentiste ese día.
2. Dormiste peor
El sueño tiene un impacto enorme sobre la recuperación.
No hace falta haber dormido tres horas para notarlo. Una noche de menor cantidad o calidad de sueño puede modificar cómo percibimos el esfuerzo y hacer que un entrenamiento habitual se sienta considerablemente más difícil.
Por eso, cuando un entrenamiento sale peor de lo esperado, vale la pena mirar también qué pasó la noche anterior.
3. El estrés también cuenta como carga
Nuestro cuerpo no distingue perfectamente entre el estrés del entrenamiento y el que viene de afuera.
Una semana complicada de trabajo, poco descanso, viajes o simplemente días mentalmente exigentes pueden influir en cómo respondemos físicamente.
Podés haber cumplido exactamente el mismo entrenamiento que la semana anterior y, sin embargo, llegar en condiciones completamente diferentes.
La carga que importa no siempre aparece en Strava.
4. El clima puede cambiar completamente un entrenamiento
Comparar ritmos sin mirar las condiciones puede llevarnos a conclusiones equivocadas.
Temperatura, humedad y viento pueden modificar considerablemente el esfuerzo necesario para sostener un determinado ritmo.
Especialmente con calor y humedad, el cuerpo necesita destinar más recursos a regular su temperatura. Como resultado, un ritmo que normalmente se siente cómodo puede requerir mucho más esfuerzo.
Por eso, muchas veces tiene más sentido evaluar un entrenamiento por las sensaciones y el esfuerzo realizado que exclusivamente por el ritmo que muestra el reloj.
5. ¿Llegaste con suficiente energía?
Este es uno de los factores que más fácilmente podemos pasar por alto.
Para correr necesitamos combustible y, especialmente cuando hablamos de entrenamientos intensos o prolongados, los carbohidratos tienen un papel central.
Podés estar perfectamente entrenado y, sin embargo, tener dificultades para expresar ese estado físico si llegás a una sesión exigente con poca energía disponible.
Puede ocurrir porque comiste poco durante el día, pasaron demasiadas horas desde tu última comida, venís acumulando entrenamientos exigentes o simplemente no adaptaste tu alimentación al aumento del volumen de entrenamiento.
Y esto se vuelve especialmente relevante cuando empiezan las semanas de mayor carga.
No necesariamente hace falta comer una gran cantidad justo antes de correr. Una alternativa es incorporar una colación rica en carbohidratos que resulte práctica y fácil de consumir.
Las barritas Chitaka aportan 24 g de carbohidratos por unidad, por lo que pueden ser una buena alternativa para sumar energía antes de una sesión exigente sin necesidad de hacer una comida grande.
La alimentación también forma parte del entrenamiento. Si aumentamos los kilómetros y la intensidad pero no acompañamos ese crecimiento con suficiente energía, es probable que tarde o temprano lo sintamos.
Entonces, ¿qué hago después de un mal entrenamiento?
Antes de cambiar ritmos, cuestionar tu planificación o pensar que perdiste estado físico, mirá el contexto.
¿Cómo venían siendo las semanas anteriores? ¿Habías acumulado mucha carga? ¿Dormiste bien? ¿Tuviste una semana particularmente estresante? ¿Hacía más calor? ¿Habías comido suficiente?
Un entrenamiento es solamente una fotografía de un momento.
Tu estado físico, en cambio, es el resultado de semanas y meses de trabajo.
Por eso, más que obsesionarnos con una sesión aislada, lo importante es mirar tendencias, sostener el entrenamiento en el tiempo y darle al cuerpo las condiciones necesarias para poder expresar todo el trabajo que venimos haciendo.

